Ciclogénesis explosiva V

Para ti, E, que me conviertes en agua lenta con tan sólo una sonrisa.

Sucumbí a tu espalda. 
Sucumbí a unos ojos que aún no me buscaban. 
Sucumbí a un huracán que dormitaba en una almohada de trigo. 
Sucumbí al sabor de la vida en tu boca. Sucumbí al olor que cada mañana hacía juego con mi pelo. 
Sucumbí a todo aquello que tu cuerpo me pedía.   

Hoy sé que debo entregarte 
lo que aquí llevo. No hay joyas 
ni vino. Quizás la ilusión que hoy me inunda sea más que suficiente para que sepas que cuando decidas contar la tierra mojada mi mano también se abrirá.





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